Tipos de patatas

¿Sabías que existen muchas más diferencias entre las patatas que la simpleza de si la patata está lavada o sin lavar? Si estás aquí seguramente te hayas encontrado frente a diferentes tipos de patatas en un supermercado y tu único baremo para decidirte era el precio por kilo. “¿Cómo puede haber tantos tipos de patatas? Si son eso, patatas”. Pues sí, los hay.

La patata forma parte de la base de la gastronomía mundial y más concretamente de la española. Al igual que muchos otros hidratos de carbono se trata de la base sobre la que preparara múltiples platos y que siempre se ha utilizado para la cantidad de comida necesaria a un menor coste. A veces son las protagonistas del plato y en muchas ocasiones son las acompañantes, sin embargo, si te paras a pensar seguramente las hayas comido al menos un par de veces esta semana.

En este artículo vamos a describirte los diferentes tipos de patatas que existen y cómo sacarles la mayor rentabilidad a las características de cada tipo para que tus platos queden absolutamente perfectos porque, aunque parezca un alimento bastante simple también tiene su ciencia.

Actualmente existen más de 7000 tipos de patatas en todo el mundo, en España contamos con 150 tipos fácilmente reconocibles en los supermercados, pero nosotros vamos a simplificar todo esto en colores y tiempo de maduración para que las patatas de guiso se te queden blanditas y las fritas se te queden más crujientes.

Si tratamos de clasificarlas según su color podemos diferenciar entre tres tipos:

Patata amarilla

Se trata de uno de los tipos de patatas más comunes en nuestro país. Tienden a ser patatas de piel muy fina y suave con ligeras motitas. Sí, seguramente sea la que tengas en el cajón de las patatas, en concreto la variedad Monalisa. Este tipo de patata de edad temprana y gran cantidad de almidón suele ser el más común y el más vendido porque es una patata muy agradecida.

Su precio no suele superar en muchas ocasiones el euro por kilo y a la hora de cocinar suele quedar bastante blandita cuando se hierve, aunque sin llegar a deshacerse. Así mismo, se comporta correctamente si la utilizamos para freír porque debido a su alto contenido en almidón no absorbe mucho aceite.

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Patata blanca

Al igual que la patata amarilla la patata blanca también es bastante conocida en nuestro país siendo una de las principales, en concreto la patata Kennebec. Esta variedad de patata, original de EE. UU., es la que tiene el privilegio de ser conocida como cachelo el cual es la base del conocidísimo pulpo a feira gallego. Se trata de una de las patatas más comunes que existen porque es de edad temprana y la velocidad de su cultivo da muchos beneficios.

Gracias a la cantidad de almidón con la que cuenta este tipo de patata su máximo partido lo sacaremos cuando la cozamos convirtiéndose pues en la reina de los acompañamientos en guisos y la madre de los purés de patata.

Patata roja

La patata roja, cuenta con dos exponentes principales: la Red Pontiac y la Rudolph. Es una pata con bastante agua y bajo contenido en almidón. Se trata de una patata no muy recomendable para freír, puesto que recoge mucho aceite. Esta misma característica también la hace recoger mucho el sabor de las especias u otros ingredientes que le añadamos.

Se trata de una patata suave e ideal para añadirla a cremas y purés, puesto que, aunque una vez cocida sigue manteniendo su forma sin desmoronarse es muy fácil deshacerla por completo.

Además, es uno de los tipos de patata que más aguanta su color sin ennegrecer por lo que te puedes olvidar de lo de aguantarla en agua porque ya la has pelado y tu tortilla mantendrá su color ideal de un día para otro si utilizas este tipo de patata.

Patata morada

La patata Violette es sin duda una de las más raras que podemos encontrar en el supermercado. Se trata de una patata cuya piel es casi negra y su color interior es completamente morado. Es una patata vieja, de recolección tardía, algo que ayuda bastante a darle su color.

Sin duda alguna son unas patatas que pueden darnos mucho juego a la hora de llevar un plato típico de nuestra cocina habitual al siguiente nivel. La patata morada o azul no es fácil de encontrar y aunque su precio no las hace imposibles de adquirir tenemos que tener en cuenta que se trata de una patata cuyo precio asciende a casi 5 € el kilo.

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Su modo de empleo es exactamente igual que el de la patata convencional y tiende a ser de textura cremosa. Además, nos aporta múltiples antioxidantes y vitamina C.

Otra de las formas en las que se pueden clasificar las patatas además de por su color es por su tiempo de maduración antes de recogerse.

Patata temprana

Denominamos patata temprana aquellas patatas cuyo periodo de cultivo y recolección se encuentra entre los meses de marzo y junio, es decir, aquellas que se forman en un periodo máximo de unos cinco meses. Esto convierte a este tipo de patata en una variedad mucho más frágil que la patata tardía. Lo que se debe a la cantidad de agua y almidón con la que cuentan, que hace que se conserve durante menos tiempo.

Es el tipo de patata que acostumbramos a tomar y está repleta de beneficios, puesto que es rica en vitamina C y, además, su aporte calórico por cada 100 gramos es equivalente al de una manzana.

Patata vieja

La patata vieja o tardía se recoge hasta doce meses más tarde de su punto ideal de maduración. Y se suelen dejar enterradas para que la piel endurezca mucho más. Podemos reconocer este tipo de patatas a simple vista pues su piel es mucho más oscura y gruesa que otras de recolección más temprana. Su utilización era más común antiguamente, puesto que se trataba de un tipo de patata que aseguraba el alimento para los meses de invierno por su conservación bajo tierra.

Cuidado porque la cantidad de almidón con la que cuentan este tipo de patatas suele ser inferior a la de la patata nueva por lo que cuenta con una mayor cantidad de azúcares libres.

Apuesto a que no conocías muchas de las características de este alimento tan común para nosotros y espero que la próxima vez que no sepas qué patatas escoger para tus recetas puedas decidirte teniendo en cuanta algo más allá que el precio por kilo o si las patatas están lavadas o no.